Fig.
3:
Generación
del
Pentágono
mediante
la
Sección
Aurea.
En
los
tres
esquemas
se
muestran
sistemas
geométricos
de
según
la
extrema
y
media
razón.
El
sistema
“Ad
Triangulum”
pertenece
especialmente
al
gremio
de
canteros
medievales
y
denota
la
simplicidad
y
belleza
con
que
los
masones
geómetras
del
s. XII y ss. trazaban esta divina proporción. © Josep Gonzàlez
A
la
fractura
de
las
corporaciones
gremiales
del
Medievo,
con
el
advenimiento
del
Renacimiento
y
a
la
consiguiente
disolución
progresiva
de
Logias,
Cayenas
y
Bahütte,
le
siguió
la
diáspora
de
maestros
y
compañeros
capaces
en
el
arte
de
la
geometría
y
la
construcción.
Estos
se
expandieron
haciendo
públicas
sus
habilidades
y
conocimientos
profesionales,
entrando
de
lleno
en
el
imponente
acerbo
constructor
y
artístico
de
la
“edad
del
humanismo”
.
Maestros
de
tradición
como
M.
Roritzer
publican
sus
conocimientos
sobre
geometría
y
construcción
haciendo
caso
omiso
de
sus
Landmarks,
ya
en
pleno
s.
XV,
y
rompiendo
por
tanto
el
secreto
Logial.
Su
“Geometria
Deutsch”
de
1488
contiene
la
descripción
del
sistema
proporcional
empleado
para
calcular
y
dibujar
pináculos
góticos.
Este
sistema
que
utiliza
la
generación
del
“Ad
Quadratum”,
es
decir
del
cuadrado
y
las
variantes
proporcionales
por
el
generadas,
corresponde
a
la
experiencia
de
su
actividad
constructiva
en
Ulm,
Ingolstadt,
Regensburg
y
Eichstätt.
De
igual
manera
H.
Schumuttermayer,
Lorenz
Lacher
y
otros
hacen
lo
mismo
provocando
que
las
Bahütte
alemanas
pierden
progresivamente
su
característica
hermética
y el control artesanal y productivo de la construcción pública y religiosa.
Pero
este
nuevo
humanismo,
extensión
de
aquel
que
produjo
las
extraordinarias
catedrales,
recoge
la
herencia
clásica
y
a
través
de
las
principales
ciudades-estado
de
la
península
itálica,
crea
centros
propagadores
del
conocimiento
y
la
filosofía
clásicas.
Las
Academias
como
la
de
Ficino,
en
la
que
comparten
conocimiento
y
obra,
Piero
ella
Francesca,
Botticelli,
Brunelleschi
León
B.
Alberti,
y
Leonardo
entre
otros,
emulan
a
aquella
en
la
que
Platón
dejó
su
divisa:
“No
entres
si
no
eres
Geómetra”.
Y
es
de
esa
fusión
crística
entre
Cábala
y
Hermetismo,
que
surge
la
revolución
del
mundo
de
las
ideas,
liderando
ese
neoplatonismo,
mestizaje
de
nuevos
mundos
que
allana
los
caminos
del
alma
para
liberar
ese
nuevo
conocimiento
universal.
En
esta
mescolanza
Luca
Pacioli
escribe
su
“De
Divina
Proportione”
y
ayudado
por
Leonardo
da
Vinci
incluye
en
su
tratado
las
figuras
poliédricas,
vacuas
y
llenas
que
este
le
dibuja,
mostrando
el
amplísimo
elenco
de
cualidades
únicas
que
hacen
del
número
de
oro
un
recurso
divino.
Describe
su
naturaleza
siguiendo
a
Euclides
y
seguramente
al
mismísimo
Leonardo,
el
cual
le
dibuja
el
conocido
“Hombre
de
Vitruvio”
(Fig.4)
o
también
llamado
en
los
círculos
herméticos,
“L’Huomo
di
Trezzo”,
es
decir,
trazado.
En
él
se
resumen
las
proporciones
antropomórficas
del
ser
humano
según
la
descripción
clásica
que el arquitecto romano Vitr
uvio nos legó:
“El
ombligo
es
el
punto
central
natural
del
cuerpo
humano.
En
efecto,
si
se
coloca
un
hombre
boca
arriba,
con
sus
manos
y
sus
pies
estirados,
situando
el
centro
del
compás
en
su
ombligo
y
trazando
una
circunferencia,
esta
tocaría
la
punta
de
ambas
manos
y
los
dedos
de
los
pies.
La
figura
circular
trazada
sobre
el
cuerpo
humano
nos
posibilita
el
lograr
también
un
cuadrado:
si
se
mide
desde
la
planta de los pies hasta la coronilla, la
medida
resultante
será
la
misma
que
se
da
entre
las
puntas
de
los
dedos
con
los
brazos
extendidos;
exactamente
su
anchura
mide
lo
mismo
que
su
altura,
como
los
cuadrados
que
trazamos
con
la
escuadra.
Por
tanto,
si
la
naturaleza
ha
formado
el
cuerpo
humano
de
modo
que
sus
miembros
guardan
una
exacta
proporción
respecto
a
todo
el
cuerpo,
los
antiguos
fijaron
también
esta
relación
en
la
realización
completa
de
sus
obras,
donde
cada
una
de
sus
partes
guarda
una
exacta
y
puntual
proporción
respecto
a
la
forma
total
de
su
obra.”
(Vitruvio
Op.
cit. Libro Tercero-Capítulo I.
ARQUITECTURA DIVINA
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