Gracias a los colisionadores de partículas, empezamos a conocer la
materia primera de que está compuesto el universo. Las partículas se
combinan entre ellas para formar nuevas partículas que agrupamos por
familias: Fermions, Bosons, Quarks, Hadrons, Mesons, etc., todas ellas
con su correspondiente antipartícula. En sus 13.800 millones de años que
se le calculan al universo, podemos observar una partícula, el Fotón, que
ha permanecido como una carga de energía desde el principio. Este
pequeño campo de energía, a medida que entra en contacto con las
diferentes partículas de nuestro entorno, pierde velocidad y reconvierte
esta energía en materia, pasando de Fotón a Electrón y a masa utilizable.
EN LA ACTUALIDAD
Mapa actual de nuestro universo: Se calcula que existen entre 100 y 200
mil millones de galaxias, y entre 100 y 1000 millones de estrellas por
galaxia. Aunque la Vía Láctea se encuentra en el centro, no significa que
seamos el centro del universo; es de donde el telescopio 2MASS realizaba
el barrido. Los diferentes colores son el efecto Doppler. Las galaxias que
se alejan de nosotros se observan en rojo, en tanto que las que se
acercan lo hacen en azul.
LHC
El colisionador de Hadrones situado entre Suiza y Francia és un tunel de 27 Km. de circunferéncia
soterrado entre 50 y 175 mts compuesto por 1.650 imanes superconductores a -271º C. el detector
de partículas Atlas supera los 50 mts. de altura.
En este diagrama podemos observar las diferentes utilidades que esta
pequeña carga de energía, que es el Fotón nos proporciona. Solo somos
capaces de detectar sus efectos orgánicamente, y el resto con los aparatos
de medida adecuados en unos pequeños sectores de radiación. En el
infrarrojo notamos el calor en la parte de radiación marcada como visible.
Podemos verla porque su longitud de onda en este sector es la misma que
la longitud de los detectores que tenemos en los ojos. El ultravioleta nos
permite pasar de la piel morena a la dañada por exceso de esta radiación
y, en los Rayos X, Gamma y Cósmicos, encontramos que su energía todavía
es demasiado alta, destruyendo nuestras células al impactar contra ellas.
Pràcticamente todas las partículas que componen el universo tienen su
correspondiente antipartícula. Solo conocemos el 5% de su composición.
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