Siguiente
Si en el anterior capítulo teníamos suficientes referencias para
establecer una línea de investigación que nos sirviera para unas
hipotéticas teorías, aquí el material no es precisamente lo más
abundante y no es tarea fácil separar el grano de la paja. Tenemos
fenómenos como los sueños premonitorios, los «déjà vu», la profecía, la
precognición, etc.
La ciencia los califica en su mayoría como una posible desviación
neurológica, que es lo mismo que decir que no se ha investigado
suficientemente.
Por otra parte, tenemos los desplazamientos temporales en el espacio-
tiempo, más o menos documentados. Lo que vamos a exponer en este
capítulo no es más que una teoría, que en principio cubriría una posible
explicación de cómo el ser se desplaza por este universo
multidimensional en el cual le ha tocado vivir.
EL SER
Somos seres esencialmente físicos, sujetos a estas tres dimensiones:
altura, anchura, profundidad, y a una cuarta: el tiempo, que ni siquiera
podemos dominar. Esto nos hace prácticamente incapaces de concebir el
infinito o la nada absoluta o sencillamente la relatividad del espacio-
tiempo. Por las innumerables novelas y películas de ciencia ficción,
empezamos a creer que sería posible desplazarse al pasado para ver
cómo se construyeron las pirámides, o hacia el futuro para observar lo
que nos depara. ¿Cómo es posible viajar al pasado o al futuro?
Quizás no sea demasiado ortodoxo, pero vamos a hacer un símil con una
película cinematográfica y su cámara de proyección. La película sería la
línea de la vida de una persona, desde su nacimiento hasta su muerte. La
lente de la cámara sería su momento vital, el día a día que está viviendo,
y los espectadores que miran la pantalla, el frame que se ha proyectado
hace un minuto sería el pasado para el espectador y los próximos no
proyectados, el futuro.
Con lo expuesto, pretendemos explicar que lo que denominamos vida
carece de tiempo. Este lo ponemos nosotros. El pasado, el presente y el
futuro ocurren simultáneamente. Nerón quema Roma, que sería el pasado
para nuestro tiempo. Se inventa la energía limpia, que sería el futuro
según nuestro tiempo. Todo existe al mismo tiempo, y lo activamos
nosotros cuando con nuestro tiempo lo hacemos presente.
Si seguimos con el símil cinematográfico, en este diagrama vemos cómo
el alma se encarna en un cuerpo físico dispuesta a vivir un ciclo vital.
Aquí, a diferencia de una película, los finales pueden ser muchos y muy
diversos.
Como hemos visto anteriormente, disponemos del libre albedrío, y este
nos tiene que ayudar a cumplir nuestro objetivo final.
En el cuadro B, el ser opta libremente por no formar familia y dedicarse a
una actividad que supone que le puede ayudar más a conseguir este
objetivo.
En el cuadro C interviene una causalidad, un suceso no previsto y que le
puede hacer variar completamente su destino final. Pierde a la
compañera con la cual pretendía formar una familia. Este suceso puede
producir varios desenlaces: D que logre sobreponerse y decida no formar
familia, terminando finalmente lo que había sido una aspiración anterior
que tenía pospuesta, o, como vemos en el cuadro E, no se sobrepone y
termina perdiendo todo interés por la vida.
Y como veremos en el siguiente diagrama, un alma puede necesitar de la
utilización de varios cuerpos y ciclos vitales para poder cumplir su
objetivo y finalmente regresar a la estancia que le está asignada en el
Absoluto, según haya sido el resultado final en su, o en sus diversas
personificaciones.
Anterior